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Estrés

El Estrés

Se trata de respuestas eficaces que permiten una mejor adaptación a una situación determinada.” Manual de las bases biológicas del comportamiento humano, Cap.21 2011.

El estrés es un recurso de supervivencia de nuestro organismo y es necesario para afrontar posibles amenazas o situaciones difíciles que pongan en peligro nuestra integridad. Es el denominado Eustrés o estrés de supervivencia y es muy positivo ya que permite reaccionar muy rápidamente en determinadas situaciones que pueden ir desde evitar un accidente de tráfico hasta disponer de la energía suficiente para realizar una conferencia en público. Cuando la situación descrita anteriormente se prolonga en el tiempo se produce Distrés emocional o estrés crónico que se presenta bajo una condición crónica de tristeza, temor, irritabilidad, preocupación y frustración de no poder hacer frente a situaciones laborales y de relación y diversas alteraciones fisiológicas.

Veamos cómo responde nuestro organismo a nivel emocional y a nivel fisiológico y qué consecuencias tiene vivir continuamente sometido a estrés.

RESPUESTA FISIOLÓGICA DEL ESTRÉS

Ante una situación estresante, sea de la índole que sea, nuestro organismo dispara la respuesta denominada “Fight or Flight” es decir, luchar o huir, tal y como lo describe W. Cannon en 1915. Se trata de una respuesta evolutiva de supervivencia en la que, al vernos expuestos a un peligro físico real (como puede ser ante un animal salvaje), nuestro cuerpo se prepara para huir o atacar. En consecuencia todo nuestro organismo actúa elevando al máximo nuestro potencial de respuesta física.

Esta respuesta a nivel físico posee tres fases claramente definidas:

  • Reacción de Alarma. Donde las glándulas adrenales producen adrenalina y cortisol.
  • Resistencia. Donde se produce una adaptación del organismo a la situación de alarma y se llega a un estado óptimo de potencialidades máximas.
  • Agotamiento. Ocurre cuando la situación estresante persiste. Entonces el organismo abandona el proceso de adaptación pudiendo llegar a la enfermedad, incluso la muerte.

Pero nuestro organismo no es capaz de diferenciar si la causa del estrés es una situación real de peligro o si es mental o psicológico, como podría ser una carga de trabajo extra o situaciones familiares complejas. Por lo tanto reaccionará de la misma manera en ambos casos: el cuerpo se prepara para luchar o escapar.

¿Cómo funciona? Ante una situación estresante el organismo segrega dos de las hormonas principales del estrés: la adrenalina y el cortisol. La adrenalina se encarga de aportar la energía y el impulso necesarios para poder reaccionar rápidamente y el cortisol se encarga de hacer que esta respuesta del organismo permanezca todo el tiempo que dura la amenaza.

Ambas hormonas permiten un aumento de la concentración de glucosa en sangre lo que facilita un mayor nivel de energía, oxigeno, estado de alerta, poder muscular y resistencia al dolor. Todo esto ocurre en cuestión de minutos. Además estas hormonas también propician un proceso de comunicación inmediata de la experiencia del estrés con otros componentes psicofisiológicos de la emoción (Padgett & Glaser, 2003).

Una vez pasada la amenaza o situación estresante, el cuerpo vuelve de manera natural al equilibrio.

Sin embargo, al no dejar tiempo entre una situación estresante y la siguiente, el estrés se mantiene durante mucho tiempo y se genera Distrés emocional o estrés crónico que impide que el cuerpo se recupere con normalidad.

Esta activación continua del sistema de respuesta al estrés es capaz de alterar casi todos los procesos de nuestro organismo ya que interactúan entre sí. Estos son el sistema nervioso, el sistema endocrino, el sistema inmune y la mente. De esta manera se produce una sobrecarga en nuestro organismo y se pueden producir patologías y enfermedades derivadas de la excesiva presencia de cortisol y adrenalina.

RESPUESTA EMOCIONAL DEL ESTRÉS

La respuesta emocional ante el estrés es, en un principio, transitoria y puede provocar los siguientes estados:

  • Irritación, ira y cólera
  • Ansiedad
  • Preocupación
  • Tristeza
  • Estados de desesperanza

Sin embargo, esta respuesta depende de la propia percepción de la persona acerca de sí misma, de su ambiente, de los factores culturales y de la clase social, incluso de sus rasgos de personalidad (Bandura, 1997) o de la experiencia previa que tengan ante un estímulo estresante y el nivel que sienta de apoyo económico o social. Es decir, dos personas pueden realizar el mismo tipo de trabajo estresante y una presentar síntomas emocionales de respuesta al estrés y la otra no. Todo dependerá de la percepción de ese momento y/o situación.

EL ESTRÉS CRÓNICO EN EL ORGANISMO

En los mecanismos del estrés intervienen múltiples sistemas y hormonas que provocan diversas reacciones que están relacionadas entre sí. De manera general se paralizan todas las funciones relacionadas con el crecimiento y desarrollo del cuerpo dejando de lado la reproducción y el mantenimiento celular. También se detienen todos los sistemas que consumen energía como el sistema inmunitario y el digestivo dejando al organismo expuesto a cualquier agente patógeno ya que se frenan los procesos antiinflamatorios o antialérgicos desequilibrando la respuesta inmunitaria.

De una manera más detallada se puede observar que durante una situación de estrés, el sistema nervioso se encarga de activar el organismo mediante el aumento de la frecuencia respiratoria, la presión arterial, la frecuencia y volumen de las palpitaciones del corazón, la gestión de la glucosa en el hígado, la circulación en los músculos, la liberación de adrenalina, dilatación de las pupilas, disminución de la

 

circulación en el estómago, los intestinos, los riñones y la piel y la reducción de la actividad digestiva.

Todo esto provoca un desgaste y deterioro de la salud debido a la relación multidireccional que existe entre el cerebro, el sistema nervioso, el sistema endocrino y el sistema inmune pudiendo provocar diferentes patologías en cualquiera de ellos:

  •  A nivel físico pueden producirse patologías como inflamación crónica, artritis reumatoide, fibromialgia, fatiga de las glándulas suprarrenales, enfermedades cardiovasculares, hipertensión, diabetes tipo 2, obesidad, síndrome metabólico, asma, cáncer, depresión y otras enfermedades inmunosupresoras.
  • A nivel psicológico y emocional puede producirse irritabilidad, ansiedad, depresión, pérdida de memoria, problemas interpersonales y de relación y estilos de vida poco saludables como el uso excesivo del alcohol y drogas y un elevado consumo de calorías (Armeli, Todd & Mohr, 2005).

EN CONSECUENCIA…

el estrés no es positivo o negativo, es tan solo un estímulo desarrollado por el organismo que sirve de ayuda en determinadas situaciones.

Nuestro comportamiento puede ayudarnos a escoger un estilo de vida que favorezca la reducción del estrés y poder lograr una buena calidad de vida. De lo contrario, y si asumimos altos niveles de estrés en nuestra vida, estaremos aceptando un patrón de conducta que se caracteriza por reacciones emocionales y síntomas de estrés crónico como el consumo de tabaco, excesivo consumo de alcohol, excesivo consumo de calorías y grasas saturadas, falta de entrenamiento físico, largas horas de trabajo, asilamiento y una falta de actividades relacionadas con la relajación y descanso corporal (Epel, Lapidus & McEwen, 2000).

Por eso es importante desarrollar la capacidad para autorregular nuestro sistema nervioso y controlar nuestros pensamientos ya que en la mayoría de las ocasiones, el estrés que sufre nuestro cuerpo deriva de situaciones o experiencias que nuestro cerebro interpreta como situaciones de peligro o alarma reales aunque estas no lo sean en realidad.

Para la gestión del estrés crónico se requiere la participación en actividades que promuevan la salud y la calidad de vida del individuo. La incorporación de actividades que incluyan una dieta equilibrada, ejercicio físico moderado y técnicas que faciliten la relajación. Es decir, adquirir herramientas y habilidades para vivir en condiciones de estrés y mantener la salud.

Por ejemplo, la práctica de la Meditación Mindfulness permite el aprendizaje de la respuesta de relajación. Además permite centrar la atención y conciencia en nuestro cuerpo a través de la respiración; en nuestra mente a través del pensamiento y; en nuestro entorno a través de nuestros sentidos.

Actualmente, la Meditación Mindfulness es uno de los enfoque cognitivos de mayor desarrollo y aceptación en Estados Unidos así como en Europa. Su aplicación en la prevención y tratamiento de enfermedades relacionadas con el estrés crónico, como también en el cáncer, es prometedora y útil de acuerdo a reportes de estudios científicos (Lengacher, et all, 2009).

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