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EL ORIGEN DEL ESTRÉS

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De la mente al cuerpo

Los seres humanos somos seres complejos ya que tenemos diferentes sistemas que se relacionan entre sí, es decir, vivimos y sentimos las experiencias a través de nuestro cuerpo, mente y sistema emocional.

Toda experiencia comienza a través de la percepción mediante nuestros sentidos, que son los canales de entrada de información. Esta es procesada por nuestra mente, de forma consciente e inconsciente, teniendo efectos directos e indirectos en nuestro comportamiento, sentimientos, organismo, postura corporal, etc.

Por ejemplo, ante un estímulo positivo como puede ser una canción que nos apasiona, hablar con un amigo o un placentero masaje, nuestro buen estado de ánimo aumenta, cambia nuestra postura corporal y nos sentimos más optimistas y vitales. En cambio, ante un estímulo que nosotros consideramos negativo, podemos sentirnos irascibles, enfadados o tristes y esto también repercute a nivel corporal y nos lleva hacia una corporalidad más cerrada y con menor energía.

Por lo tanto podemos afirmar que somos seres interconectados con nuestro campo físico, emocional, energético e incluso con nuestro entorno, donde la conexión entre el organismo y la mente juegan un papel fundamental para conocernos a nosotros mismos y gestionar los estímulos que tenemos diariamente y que nos pueden provocar estrés, decepción, frustración, etc.

¿Cómo nace el estrés?

Actualmente nuestra vida está programada a través de horarios, normas y códigos que nos dan una mayor seguridad y hacen la vida más sencilla y organizada.

A su vez, el cuerpo humano está preparado para responder ante las amenazas, como lo hacían nuestros antepasados ante la existencia de un animal peligroso. En la ciudad, las amenazas son continuas, ya sea por una agenda apretada, por nuestra exposición en público, responder ante el jefe, etc. Este tipo de situaciones son tan numerosas, que no damos tiempo a nuestro organismo a reponerse ante una situación de estrés y se convierte en estrés crónico e incluso podemos acostumbrarnos a vivir continuamente en estrés.

Nuestra vida es parecida a lo que ocurre cuando delante del ordenador tenemos muchas pestañas abiertas al mismo tiempo en el navegador. No podemos concentrarnos en ninguna y nos colapsamos. Es ante este colapso que sufrimos estrés.

El estrés por lo tanto es autoinducido ya que nuestro cerebro interpreta los factores o experiencias externas como si fuesen situaciones alarmantes o de peligro, aunque en realidad no lo sean. Si seguimos subiendo en la escalera del estrés, nos encontraremos con la ansiedad y la angustia que pueden aparecer tras someter al organismo a un estrés prolongado.

Un organismo sometido a estrés continuo desarrollará una serie de puntos débiles en su funcionamiento que pueden causar enfermedades con el paso del tiempo. Esto se produce debido a que el organismo detiene las funciones secundarias (como pueden ser las digestivas) para usar toda la energía disponible en la amenaza. Debido a eso cuando una persona tiene estrés generalmente padece falta de sueño, seguido de afecciones en el aparato digestivo que pueden derivar en otras patologías.

Sin embargo, por ser provocado por nosotros mismos, tenemos el poder de gestionar y eliminar el estrés.

En este punto es donde la medicina occidental puede integrar a la meditación, u otras técnicas para el control y el tratamiento del estrés, ya que no solo ayuda con la enfermedad sino que además su práctica es preventiva.

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