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La relación entre intestino y cerebro: la clave de la salud

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La falta de tecnología y de pensamiento integrativo y global hasta ahora, hacía que los científicos no pudieran relacionar dos cosas que aparentemente eran inconexas.

En el campo de la medicina también ocurre. Hasta ahora, cerebro e intestino se tenían como dos entes separados y por ello se trataban individualmente.

Cerebro e intestino se han estudiado de forma independiente e inconexa desde los comienzos de la ciencia. Pero gracias a la observación y al estudio de algunos médicos como el Dr. Emeran Mayer, gastroenterólogo, profesor de Medicina de la Universidad de California de Los Ángeles (UCLA) y codirector del Centro de Investigación de Enfermedades Digestivas, se comienza a relacionarlos de forma muy hábil y precisa.

El Dr. Mayer asegura que existe una comunicación directa entre cerebro e intestino y que esta puede llevarse a cabo de diversas maneras. Destaca el importante papel que juega en esta comunicación la microbiota intestinal, es decir, el conjunto de microorganismos vivos (bacterias, hongos y levaduras) que establecen una relación simbiótica con nuestro organismo y que cumplen muchas funciones que intervienen en nuestra salud (Mayer E. The Mind-Gut connection:How the hidden conversation within our bodies impacts our mood, our choices, and our overall health. New York, NY:Harper Wave; 2016.)

¿Qué relación existe entre intestino y cerebro?

Según ha descubierto Mayer, la comunicación entre intestino y cerebro es bidireccional. Es decir que el cerebro “habla” con el intestino y el intestino con el cerebro, aunque puntualiza que existe un mayor porcentaje de comunicación que viaja desde el intestino al cerebro. Esta es una de las pruebas inequívocas de que el intestino influye directamente en nuestro estado de ánimo y nuestro bienestar. (Blancos farmacológicos en el eje intestino-cerebro, Revista Farmacológica Chile (2015) 8 (1) pág 7)

Tan claros son los datos de los estudios que Mayer que afirma que “tanto la ansiedad como el bienestar pueden originarse en el aparato digestivo”. Se ha llegado a esta conclusión debido a la relación existente entre antidepresivos, serotonina e intestino. Veamos, los antidepresivos tratan de aliviar la depresión aumentando los niveles de serotonina (hormona del bienestar) en nuestro organismo. También se sabe que el 90% de la serotonina se segrega en el aparato digestivo. En consecuencia podría ser que estos fármacos estimularan la producción de serotonina en el intestino y este cambiara las señales químicas que se envían por el nervio vago hasta el cerebro. De esta manera se pondría de manifiesto la implicación del intestino en el bienestar (Blancos farmacológicos en el eje intestino-cerebro, Revista Farmacológica Chile (2015) 8 (1) pág 8).

¿Cómo se comunican entre sí?

Los modos de comunicación entre ellos se producen de diversas maneras:

  • Mediante neuronas
  • Por medio del nervio vago (Tracey, 2007)
  • Mediante ciertas moléculas de señalización de las células inmunitarias

Además de estas tres vías, la microbiota intestinal también constituye un apartado importante a destacar en esta fluida comunicación entre cerebro e intestino ya que son capaces de ajustar la producción de metabolitos dependiendo de la información que les llegue sobre el estado emocional y el nivel de estrés de la persona.  

El Dr. Pere Gascón, reconocido Investigador y Oncólogo en E.E.U.U, consultor senior del Servicio de Oncología Médica del Hospital Clínic de Barcelona y Profesor titular de la Facultad de Medicina de la UB, reconoce la importancia de la flora bacteriana del tubo digestivo y su influencia en enfermedades autoinmunes como la artritis. Destaca que “muchas enfermedades podrían provenir del abuso de antibióticos ya que eliminan el equilibrio en la flora intestinal”. Una prueba más de que el equilibrio en nuestra microbiota intestinal es fundamental para nuestra salud.

Como es de esperar, “la dieta juega un papel tan importante que podría llegar a modelar la comunicación entre el cerebro y el intestino”, asegura el Dr. Mayer. De hecho se han realizado estudios donde pone de manifiesto los contundentes resultados que revelan los mecanismos por los cuales las dietas ricas en grasas podrían dañar el cerebro (Neunlist M, Schemann M 2014. Nutrient-induced changes in the phenotype and function of the enteric nervous system. J Physiol; 592: 2595-2965). De ahí que destaque la imperiosa necesidad de volver a recuperar la dieta mediterránea así como los beneficios de los alimentos fermentados como el chucrut, el miso o el mango fermentado, entre otros. 

Dos momentos cruciales en nuestra vida donde esta relación es más relevante según Mayer

Existen dos momentos vitales muy importantes en nuestra relación cerebro-intestino. Se dan en primer lugar durante los primeros años de vida, que es donde se desarrolla el cerebro y nuestra microbiota intestinal, y en segundo lugar, durante la tercera edad cuando se producen enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson o el Alzheimer, pues los cambios en la microbiota intestinal se producen antes de que comiencen los síntomas neurológicos en ambas enfermedades.

Aún se está estudiando la relación existente entre estas enfermedades y la microbiota intestinal ya que los estudios hacen pensar que puede tener un papel mucho más importante de lo que se creía hasta ahora. (Entrevista a Emeran Mayer “La conexión intestin-cerebro es poderosa”, Cristina Sáez, CUERPOMENTE, www.cuerpomente.com)

Romper el círculo

Bajo situaciones de mucho estrés y ansiedad se producen contracciones y secreciones intestinales que afectan directamente a la microbiota intestinal cambiando los metabolitos que van al cerebro, lo que a su vez acrecentará el estrés y la ansiedad. Es como un pez que se muerde la cola.

Pero este círculo se puede romper de dos maneras muy sencillas; bien actuando sobre el cerebro o bien actuando sobre el intestino.

La meditación, el yoga, técnicas mindfullness o cualquier otra técnica de reducción del estrés son excelentes maneras de conseguirlo.

La alimentación es la otra herramienta de la que disponemos para romper el círculo. Para ello es necesario llevar una dieta equilibrada rica en verduras y frutas y alimentos fermentados que nos ayuden a reponer nuestra microbiota intestinal de los estragos que pueda causar el estrés o cualquier otra dolencia sobre ella.

 

Fuentes:

- Entrevista a Emeran Mayer “intestino-cerebro” en CUERPOMENTE.

- Gut Microbiota for health “The Mind-gut connection”.

- Neurosciencenews.com “Link between Gut microbes and brain structure in IBS discovered”.

- Libro: Mayer E. The Mind-gut connection: How the hidden conversation within our bodies impacts our mood, our choices, and our overall health. New York, NY: Harper Wave; 2016.

- Emeran A.Mayer (2011). Gut feelings: the emerging biology of gut–brain communication. Nat Rev Neurosci; 12(8)

- https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3845678/pdf/nihms523424.pdf

- Blancos farmacológicos en el eje intestino-cerebro, Revista Farmacológica Chile (2015) 8 (1) pág 7-18

 

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